Explora los Salmos para Jóvenes y descubre cómo estos versículos atemporales ofrecen sabiduría y guía para la vida moderna. Encuentra inspiración y consejos prácticos para enfrentar desafíos y cultivar una fe sólida en tu camino de crecimiento espiritual.
Tú, Señor, eres todo bondad. Por tu misericordia, acuérdate de mí; pero olvídate de que en mi juventud pequé y fui rebelde contra ti.
Tú, Señor mi Dios, eres mi esperanza; tú me has dado seguridad desde mi juventud.
¿Cómo puede el joven limpiar su camino? ¡Obedeciendo tu palabra!
En mi corazón he atesorado tus palabras, para no pecar contra ti.
Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!
La enseñanza de tus palabras ilumina; y hasta la gente sencilla las entienden.
Tú, Señor, diste forma a mis entrañas; tú me formaste en el vientre de mi madre! Te alabo porque tus obras son formidables, porque todo lo que haces es maravilloso. ¡De esto estoy plenamente convencido!
Que nuestros hijos, en su juventud, crezcan como plantas vigorosas. Que nuestra hijas sean hermosas como las columnas labradas de un palacio.
¡Dichosos los que confían en el Dios de Jacob, los que cuentan con la ayuda de Dios, el Señor!
Los jóvenes y las doncellas, los ancianos y los niños. ¡Alabado sea el nombre del Señor! ¡Sólo su nombre merece ser exaltado! ¡Su gloria domina los cielos y la tierra!
Ordena mis pasos con tu palabra, Para que el pecado no me domine.
Disfruta de la presencia del Señor, y él te dará lo que de corazón le pidas.
El Señor dirige los caminos del hombre cuando se complace en su modo de vida. Si el hombre cae, no se queda en el suelo porque el Señor lo sostiene de la mano.
Hazme entender tu ley, para cumplirla; la obedeceré de todo corazón.
Ordena mis pasos con tu palabra, Para que el pecado no me domine.
Los que aman tu ley viven en completa paz, porque saben que no tropezarán.
Que nuestros hijos, en su juventud, crezcan como plantas vigorosas. Que nuestra hijas sean hermosas como las columnas labradas de un palacio.
Los hijos son un regalo del Señor; los frutos del vientre son nuestra recompensa.
Te alabo porque tus obras son formidables, porque todo lo que haces es maravilloso. ¡De esto estoy plenamente convencido!
Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!
Dichosos los de conducta perfecta, los que siguen las enseñanzas del Señor.
Me alegra seguir el camino de tus testimonios más que poseer muchas riquezas.
Señor, examina y reconoce mi corazón: pon a prueba cada uno de mis pensamientos.
Entiendo más que mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación.
Pon tu camino en las manos del Señor; confía en él, y él se encargará de todo.
Guarda silencio ante el Señor, y espera en él; no te alteres por los que prosperan en su camino, ni por los que practican la maldad.
El Señor dirige los caminos del hombre cuando se complace en su modo de vida.
Dichosos los que cumplen sus testimonios, y lo buscan de todo corazón.
Sólo así seré completamente libre, pues he buscado seguir tus mandamientos.
Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!